La Segunda República (1931-1936)

Ante el desgaste político de la dictadura, Alfonso XIII decidió convocar elecciones municipales para el 12 de abril de 1931, con el fin de regenerar el régimen y devolver el poder perdido a las instituciones monárquicas. Sin embargo, la victoria de las candidaturas de coalición republicana y socialista en las grandes ciudades supondrá la proclamación democrática de la Segunda República Española y la salida al exilio del propio Alfonso XIII. En Pradejón, la victoria en las elecciones municipales fue para los monárquicos, que obtuvieron 7 concejales frente a los 3 de los republicanos.

Sin embargo, cuando el 15 de abril se conozca la noticia de la proclamación de la Segunda República, los republicanos se apropiarán ilegalmente de 7 concejalías, entregando las 3 restantes a sus rivales. Estos justificarán dicha acción invocando a la situación revolucionaria y a supuestas órdenes recibidas de la Junta Revolucionaria de Calahorra. Aunque la investidura ilegal será suspendida dos días después por el Gobierno Civil, los republicanos responderán a esta decisión presentando una reclamación que alegaba irregularidades en el desarrollo de los comicios. Finalmente, el 31 de mayo de 1931 se volverán a repetir las elecciones ante la oposición de los monárquicos, que decidírán abstenerse en señal de protesta.

Los republicanos, viendo asegurado el triunfo, incluirán fuera de lista tres nombres más durante el transcurso de la jornada, saliendo elegidos sin problema. Este será el único triunfo electoral de la izquierda pradejonera durante el periodo, pues tanto en las elecciones generales de noviembre de 1933 como en las de febrero de 1936, el triunfo de la derecha muestra una voluntad política conservadora. Si tenemos en cuenta que ya no se volverán a convocar elecciones municipales, nos hallamos ante un Ayuntamiento de izquierdas gobernado a una población mayoritariamente de derechas.

Durante todo el periodo, los concejales pertenecerán al Partido Republicano Radical Socialista (PRRS), fagocitado después por el Partido de Izquierda Republicana (IR), siendo el miembro más destacado el alcalde Perfecto Miranda. El Ayuntamiento, gracias a las ayudas económicas del Gobierno central, se centrará en resolver los dos problemas más acuciantes: el paro obrero y la mejora de la enseñanza.

En 1931 se pavimentará la Plaza de la Constitución y algunas calles mediante una subvención de 5.000 pesetas. En 1935, con el fin de construir unas escuelas nuevas, Pradejón contratará un préstamo de 71.708,30 pesetas al INP. Sin embargo, el proyecto quedará paralizado al inicio de la Guerra Civil, después de que los sublevados gastasen el dinero en el esfuerzo bélico. Se aprobará también un nuevo proyecto de abastecimiento de agua desde El Villar de Arnedo, pero los villarejos se opondrán a las expropiaciones necesarias para acometer la obra y el proyecto quedará en nada.

"Libro de Oro" de la República.

En el plano religioso, la Segunda República estableció una auténtica libertad de cultos, siendo la primera vez que el Estado dejaba de financiar la religión católica, lo que supuso un gran avance para la comunidad protestante de Pradejón, que al fin obtuvo la igualdad de derechos. Esto favoreció la vinculación ideológica, iniciada en el periodo anterior, entre el protestantismo y el republicanismo obrero. Frente a una derecha católica, se contrapuso una izquierda protestante.
De hecho, el pastor Simón Vicente será miembro influyente de la agrupación republicana local. Estas buenas relaciones entre el Ayuntamiento y la comunidad evangélica supondrán el fin de la marginación social y del acoso promovido o consentido por las autoridades. El cementerio se secularizará y la tapia, que hasta entonces separaba la parte protestante de la católica, será derribada. Por otro lado, se dejarán de costear con dinero público los actos religiosos durante las fiestas patronales de San Ponciano y San Antonio y se retirará del Salón de Plenos el Sagrado Corazón de Jesús. Eso sí, las procesiones de Semana Santa no serán prohibidas, cosa habitual en todos los pueblos.

El movimiento obrero volverá a reactivarse en 1932, tras la creación del Sindicato Único de Pradejón, coalición de socialistas y anarcosindicalistas en defensa de los derechos de los trabajadores de las obras del Canal de Lodosa. En enero de 1933, el Sindicato Único pedirá al Gobernador Civil su reconocimiento como organización con capacidad para representar directamente a los obreros en las negociaciones laborales con los patronos del canal, rechazando la mediación de los poderes públicos.
Para hacer cumplir sus demandas y ante el despido de un obrero, 350 pradejoneros abandonarán su puesto durante dos días, no sirviendo de mucho ante su corta duración. El 3 de octubre de 1933 se convocará una nueva huelga, esta vez de 8 días, tras los cuales el Jurado Mixto de Obras Públicas de Logroño dictará un acta de conciliación recogiendo las demandas de todos los trabajadores.
Obras paralizadas de las Escuelas Nacionales en los años 30.
 

La conciencia de ser víctimas de la explotación se tradujo en una actitud de rebeldía hacia los patronos y de desafección hacia las clases sociales más elevadas. Esta situación se reflejó en sucesos como los de 1932, año en el que un pradejonero, tras ser despedido de las obras por un capataz, "le agarró por las solapas de la americana diciéndole que si le quitaba de la obra, él lo quitaría de la familia y no volvería a pisar más el canal"; a dicha amenaza se sumó la persecución del capataz por varios compañeros, que intentaron agredirlo con palos. Estas manifestaciones se volverán más agresivas tras el triunfo de la coalición de centro-derecha en 1933, período en el que las derechas se aplicarán en deshacer las reformas republicanas y en desarticular las fuerzas de izquierda.

Como respuesta, la izquierda radicalizará sus posiciones, aprobándose medidas anticlericales dirigidas a obstaculizar la presencia pública de la Iglesia católica. Así, en noviembre de 1933 se impondrá un gravamen sobre los entierros católicos y se restringirá el toque de campanas, marginando a la opción católica y convirtiendo a la protestante en privilegiada. En marzo de 1934, durante la celebración de la Semana Santa, varios jóvenes boicotearán la procesión cantando canciones impropias, lo que provocará una acalorada discusión de la que el alguacil, que había llegado para separar a las dos partes, saldrá con una puñalada leve en el brazo derecho. Para evitar enfrentamientos como este, varios Guardias de Asalto escoltarán la procesión de San Antonio en septiembre, pero al finalizar esta, se detendrá a tres jóvenes por cantar coplas ofensivas contra dicho cuerpo de seguridad. Este nuevo altercado obligará al Gobernador Civil a nombrar un delegado gubernativo encargado de mantener el orden público.

El 1 de agosto de 1934 tendrá lugar uno de los hechos más dramáticos del periodo. Esa noche, el alguacil Máximo García hacía ronda con su cuñado Félix Ambrosi, cuando se encontraron con Martín Cordón, derechista reconocido y enemistado con Ambrosi. Según la versión de Máximo, Martín le intentó agredir con un hacha y, ante el ataque, Máximo sacó la pistola y se inició una persecución hasta que, producto de la carrera, se le disparó el arma, la bala rebotó en el suelo e hirió a Martín en la pierna. Trasladado al hospital, la herida se infectó y tuvieron que amputarle la pierna. Finalmente, el herido falleció en circunstancias extrañas que algunos achacaron a un posible ajuste de cuentas.

El pastor protestante Simón Vicente con los niños de las escuelas evangélicas.

Ese mismo año, la American Board dejó de enviar dinero a las comunidades evangélicas españolas y, como en otros lugares, el pastor Simón Vicente tuvo que trasladarse a Calahorra y ejercer la enseñanza para poder vivir, aunque siguió acudiendo a la villa a dar misa. Su marcha supuso el cierre de las escuelas evangélicas, cuyos alumnos pasaron a las Escuelas Nacionales o al parvulario de Dª Juana Cordón. Esta decisión favorecerá el retroceso social del protestantismo en Pradejón.

Entre diciembre de 1934 y julio de 1935, tendrán lugar los atentados contra la propiedad de tres de los mayores contribuyentes del vecindario, todos miembros del Ayuntamiento durante la dictadura de Primo de Rivera. En total se registrarán una quema de mieses, la quema de un pajar y el asalto a dos bodegas, donde se descorcharán 200 y 800 cántaras de vino. La sorpresa del suceso vendrá cuando en julio se detengan como presuntos autores de los hechos, en su mayoría, a empleados municipales: dos alguaciles, dos guardas de campo, dos serenos y dos concejales. El delegado saldará el problema nombrando nuevos vigilantes de derecha, lo que será respondido con violencia y coacción encubierta por facciones de izquierda, entre ellos más miembros del Ayuntamiento.

Tras las elecciones de febrero de 1936 y ante el triunfo del Frente Popular, la izquierda se hará más fuerte en Pradejón. Su triunfo supondrá la restitución en sus cargos de todos los empleados republicanos cesados anteriormente por los atentados a la propiedad pública, así como la reanudación de las reformas anticlericales. En esta situación de inestabilidad y amenaza, la derecha propietaria y religiosa no dudará en apoyar el golpe de Estado que el 17 de julio de 1936 intentará derrocar la Segunda República.