Economía

Pradejón fue fundado por pastores calagurritanos, siendo la ganadería la base de su economía en un primer momento. Sin embargo, ante el aumento demográfico experimentado por la villa en el siglo XIX, la agricultura acabó desplazando al sector ganadero a un segundo plano. La mayor parte de los vecinos combinó el cultivo de sus tierras con el trabajo como jornaleros en las tierras de los grandes propietarios, basándose la economía de la villa en el cultivo de cereal, vid, olivo y cáñamo. El sector industrial era nulo, excepto por la existencia de una fábrica de conservas desde principios de siglo. El resto del sector se limitaba a talleres artesanales de tamaño reducido, dedicados al abastecimiento del mercado local.

Vecino pradejonero fragmentando el cáñamo en el corral de su vivienda.

Esta dinámica económica se mantuvo invariable hasta la Guerra Civil, conflicto que supuso la ruptura social y económica de la villa. Los años de autarquía y posguerra, conocidos como los "años del hambre", deprimieron la economía pradejonera durante los años 40. El nuevo impulso económico vino dado por la puesta en marcha de una obra que realmente cambió el pueblo, la construcción del Regadío de la Choza, puesto en funcionamiento el 22 de agosto de 1953. El promotor de este ambicioso proyecto fue Melchor Ezquerro, un pradejonero que, sin tener ni un termón de tierra que cultivar en la zona, luchó y apostó por un proyecto que supuso un antes y un después en la economía local.

Melchor Ezquerro junto a imágenes de las obras y los motores del Regadío de la Choza.

El nuevo regadío reavivó el cultivo de productos tradicionales, destacando el espárrago, conocido como el "oro pradejonero". A finales de los años 50, se iniciará también el cultivo de "champignón", cuando un número reducido de pradejoneros logre una producción humilde en antiguas bodegas de vino. Este nuevo proceso de aceleración económica se estancará cuando la Crisis del Petróleo alcance al campo en 1973. Pradejón será azotado por el paro y la pérdida de rentabilidad de los productos agrícolas.

Recogida del espárrago en Pradejón.

El sector del vino sufrirá una enorme crisis de comercialización, con cientos de litros sin vender en las bodegas, obligando a los vecinos a descepar y a buscar cultivos alternativos en una situación de desesperación. En cuanto al espárrago, este seguirá siendo rentable, pero a costa del enorme esfuerzo de toda la familia.
La solución a este corto periodo de crisis vendrá por el paulatino abandono del campo, en favor del cultivo de champiñón, que alcanzará mayor producción gracias a la construcción de caños de cultivo, abandonando las antiguas bodegas de vino. Hacia finales de los años 70, los champiñoneros de la villa comenzarán a organizarse de forma cooperativista en torno a plantas de compostaje, convirtiendo la producción de champiñón en el nuevo motor económico del pueblo.

En la actualidad, Pradejón cuenta con unos 150 cultivadores de champiñón, que producen aproximadamente 9.000 toneladas de champiñón fresco y unas 25.000 toneladas de champiñón destinado a fábrica. Esto supone el 47% de la producción riojana y casi el 30% de toda la producción nacional. Junto al champiñón, la villa cuenta con unos 20 cultivadores de setas que producen unas 4.000 toneladas anuales. Para cubrir esta inmensa producción, la villa cuenta con cinco plantas dedicadas a la fabricación de compost, cuatro de champiñón y una de setas, así como con otras empresas destinadas a producir semillas, envases, elaboración y comercialización de hongos.

Familia Gil Merino, iniciadora de los cultivos de champiñón en la villa.

Además de esta potente industria, Pradejón cuenta con una fábrica conservera, una industria química y varias carpinterías y empresas de mobiliario e interiorismo. También destaca en su economía el sector de la construcción, en recesión por la situación actual, pero que conlleva el funcionamiento activo de una cerámica y varios talleres y empresas de electricidad, pintura e instalación, directamente relacionados.

El sector primario, en los últimos años ha sufrido una especialización y una modernización encabezada por los últimos agricultores y ganaderos. Los cultivos de secano ascienden a las 1.500 ha, de las cuales se destinan unas 300 al cultivo de viñedo, cuya producción se estima en 1.000 toneladas de uva y se centraliza en la Bodega Cooperativa. El regadío de huerta asciende a las 600 ha.

La ganadería ha disminuido considerablemente con el paso de los años. Hasta hace varias décadas, la villa contaba con media docena de rebaños de ovejas y numerosas cabezas de ganado. En la actualidad, la ganadería tradicional prácticamente ha desaparecido y sólo quedan varias granjas avícolas, porcinas y cunícolas con instalaciones modernas y de producción intensiva.