El origen de un sector esencial

30 de Abril de 2016

Cómo empezó todo: en los albores de los cultivos, el sector estaba formado por jóvenes en búsqueda de su futura que vieron en los champiñones una ventana para su porvenir

Degusta La Rioja- Pablo García Mancha

Existen distintas circunstancias históricas para entender las razones del inicio del cultivo del champiñón en La Rioja en la segunda mitad del siglo XX. En primer lugar, el paso de una agricultura familiar a una más modernizada con el consiguiente repunte de la mano de obra que se desplazaba de los entornos rurales a los incipientemente industriales sitos alrededor de focos urbanos, tanto dentro como fuera de la región. La otra cuestión fundamental y decisiva para entender la extensión del cultivo de los hongos es que a finales de la década de los años cincuenta y al inicio de los sesenta se fundaron en muchos pueblos de La Rioja (tal y como sucedió en Pradejón con la Bodega San Isidro) las primeras cooperativas vitivinícolas, con lo que se comenzaron a quedar sin utilizar infinidad de calados, bodegas populares y covachuelas en las distintas poblaciones en las que prendió como una llama el cultivo de los champiñones.

Así que estas cuevas empezaron a ser utilizadas para este cultivo en su etapa más incipiente porque los pioneros del champiñón se quedaron sin espacio en Logroño (ciudad en la que se dieron los primeros pasos) y tuvieron que buscar nuevas alternativas viables con espacios óptimos para cultivar y mano de obra barata y cercana. Se trasladó a La Rioja el modelo que imperaba en Francia en los inicios del cultivo del champiñón, cuando comenzaron a utilizar las galerías de las antiguas explotaciones mineras para cultivar estos misteriosos champiñones; eso sí, con una salvedad, en el país vecino fueron calados de minas y en La Rioja, calados vitivinícolas. Precisamente es de Francia, concretamente de la región de París, de donde proviene la información más antigua sobre el cultivo de champiñón. En 1650 aparecieron los primeros datos sobre su cultivo y su producción se realizaba en unas minas yeseras. Los hongos crecían en el estiércol de caballo. El proceso de producción se basaba en utilizar su inóculo para sembrar en estiércol fresco. Luego, a finales del siglo XIX, en Francia, se comenzaron a generalizar las producciones comerciales a mayor escala y básicamente en minas abandonadas. Pero regresando a La Rioja, además de los lugares idóneos para la elaboración y la relativa facilidad para acceder al estiércol, en el desarrollo del cultivo del champiñón en la región se sumó la existencia de una masa crítica de posibles elaboradores. De hecho, muchos jóvenes de aquellos años vieron en este novedoso y desconocido cultivo la solución para hacer viable su futuro sin verse abocados a la emigración, ya que la modernización que estaba sufriendo el sector agrario implicaba una reducción drástica de mano de obra, y las posibilidades de quedarse en los pueblos de origen cada vez eran más limitadas. Por último, se dio otro factor importantísimo definido por el hecho de que aquellas explotaciones de champiñón no interferían en las relaciones familiares porque no había propiedades sensibles para tener que ser repartidas: las cuevas ya no eran productivas y no tenían el valor que se le puede otorgar en aquellas economías familiares a unas cuantas fanegas de tierra, a las cabezas de ganado o, incluso, a los aperos agrícolas.

El cultivo de champiñón se basaba en tres pilares que no interferían en la economía tradicional y que comenzaron a suponer una nueva fuente de ingresos para las familias agricultoras de La Rioja: utilización de instalaciones abandonadas, materias primas de verdadero desecho y el trabajo de unos jóvenes que buscaban labrarse su propio futuro y que, en el inicio de sus primeras explotaciones, apenas creaba conflictos con su trabajo en el campo de la familia porque en muchos casos se dedicaban al champiñón después de haber realizado su jornada laboral.

El sector estaba formado por jóvenes en búsqueda de su futuro que vieron en este cultivo una ventana para su porvenir y que, en muchos de los casos, transformó su dinámica personal, su forma de entender la vida y despertó un sobresaliente sentido emprendedor que se hizo patente con el discurrir de los años y que acabó por transformar no solo sus pequeñas economías familiares, sino el paisaje social, cultural, vital y económico de buena parte de Rioja Baja. La complejidad y las características del cultivo de estos hongos hacían que para que uno de aquellos emprendedores tuviera éxito se tenían que dar una serie de circunstancias en las que tenía que ver desde la forma de conseguir y elaborar el compost hasta la obtención de la semilla y la pericia a la hora de formular la tierra de cobertura. El champiñón era un gran desconocido para aquellos agricultores acostumbrados a otros cultivos que prácticamente nada tenía que ver con su nuevo empeño. Pero gracias a su trabajo, a su ingenio y a sus ganas de buscarse un futuro, fueron capaces de conocer a fondo los secretos del cultivo y con el paso de los años han convertido a La Rioja en la principal zona productora de España y región líder en Europa.  

 

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